MÓDULO 1 GRATIS – Curso Sana Tus Heridas Emocionales
Acerca de las clases

Para que puedas entender mejor qué es un trauma relacional y la herida emocional asociada, vamos a continuar con el ejemplo previo del niño que sufre constantes miradas de desaprobación por parte de su padre cuando saca un 7 en un examen.

Para su padre es muy importante el logro, y sin mediar palabra, su mirada lo dice absolutamente todo. Fíjate qué sutileza… Esa mirada, que para el padre es una buena forma de educación, está generando al niño de forma inconsciente una herida de reconocimiento. Es decir, sólo soy querible si saco buenas notas. O “no soy suficiente”. Las emociones que tienen que ver con la tristeza, la rabia y el miedo quedarán apagadas o disociadas.

¿Por qué se apagan las emociones que nos permitirían protegernos en ese vínculo dañino y nos contamos cosas negativas sobre nosotros mismos como que no somos suficientes? Porque cuando somos pequeños tenemos una necesidad básica universal que es la de sentirnos queridos. En ese intento de amor condicional, preferimos contarnos que, en este caso, no somos suficientes para nuestro padre en lugar de enfadarnos con él o sentirnos tristes. Y así el vínculo tendrá sentido y se mantendrá en el tiempo. En el caso de que el niño se enfadase o se pusiese triste, el vínculo con papá correría peligro, así como nuestra necesidad universal de amor.

Así que, más vale sentirme querido sólo por mis notas o el logro, (contándome que no soy suficiente) que el vínculo tenga un mínimo riesgo de romperse y no ser querido por nada. Los niños no entienden de términos medios e introyectan (hacen suyo) inconscientemente el mundo externo tal y como lo ven, desde una perspectiva, además, egocéntrica.

Y van formando en su mente lo que se denominan modelos operativos internos de trabajo (MOI), es decir, un mapa mental sobre uno mismo, el otro y el mundo. Así que, el aprendizaje del niño va de afuera hacia dentro, y, cuando es adulto, de adentro hacia afuera mediante las proyecciones. A más trauma, más proyecciones.

El niño que sufría constantes humillaciones por parte de su padre exigente será un adulto que jamás podrá pensar que su jefe le está exigiendo demasiado y que es hora de poner límites y cambiar de trabajo. Recuerda que en el MOI del niño hay una herida en el reconocimiento. Por tanto, en este jefe invasivo, proyectará inconscientemente a su papá exigente y se despertarán viejos sentimientos de no reconocimiento (“no valgo”).

Ese “no valgo” le hará competir sin medida con sus compañeros de trabajo, demostrar que es el mejor, trabajar sin descanso, etcétera. Su sistema nervioso le dará la señal de que algo no va bien a través de los síntomas de la ansiedad, tristeza, estrés laboral, burnout, acoso, insomnio… que el adulto no sabrá cómo gestionar.

Dichos síntomas podrán ir acompañados de somatizaciones o malestares corporales que, en muchos casos, son fragmentos del trauma del pasado (emociones dolorosas no digeridas) no resuelto que quedan atrapados en el cuerpo (si me pegaban, partes de mi cuerpo pueden quedar sensibles o en alerta; si me dolía la tripa cuando tenía miedo puedo tener problemas digestivos; si me quedaba paralizado e indefenso puedo notar pesadez en las piernas; si me exigían para ser el niño con excelencia académica y sentía dolor de cabeza puede que ahora se me caiga el pelo; etcétera).

Por tanto, los síntomas y las somatizaciones no son malos. Tienen una función que debemos descubrir y desbloquear.

En realidad, como ya te habrás dado cuenta, los síntomas sólo nos indican un “despertar” o reactivación del trauma de apego junto con las heridas emocionales subyacentes. No es que haya un trastorno de ansiedad o fatiga laboral y punto. Hay algo que va mucho más allá.

En este caso, puesto que los sentimientos dolorosos de no reconocimiento son inconscientes, generan mucho malestar y no hay forma de acceder a ellos (porque están apartados o desconectados para protegernos), se proyectarán en los demás todo el tiempo. El adulto del ejemplo pensará que no vale y que su jefe es maravilloso (como su padre), que la culpa es suya, que tiene que hacer horas extra, que lo que hace no es suficiente…

Cuando este adulto sea papá, podrá repetirse la misma historia si no hace un trabajo en su trauma infantil. El padre podría volver a proyectar los sentimientos de no reconocimiento en su hijo/a para sentirse mejor consigo mismo; y de nuevo, su hijo/a, crecería con una herida en el reconocimiento junto con la creencia del “no valgo”.

Puedes imaginar una historia similar, pero con una relación de pareja. Imagina una niña cuyo padre nunca estaba en casa salvo por las noches, porque tenía que trabajar para mantener la economía familiar. Su madre intentaba paliar esa falta de cariño, pero no fue suficiente. Esa niña creció con un pequeño vacío afectivo que le llevó a buscar a una pareja tras otra.

Actualmente esa niña, que ya es adulta, se involucra en relaciones con hombres que no muestran interés, compromiso… Ha leído mucho pero sólo sabe que tiene un diagnóstico, dependencia emocional. Lo que ella no sabe, porque está en el inconsciente, es que cada vez que alguien no se compromete con ella, ella piensa que “no es digna de amor”. Y esto le genera unos síntomas ansioso-depresivos muy incapacitantes.

¿Dónde creéis que aprendió esa creencia inconsciente? Así es, en el vínculo con su primer hombre, su padre. Su padre no pudo darse cuenta de los sentimientos de tristeza y abandono emocional de su hija, así que la niña optó por seguir escondiéndolos y contarse a sí misma que no era digna de amor. Ese MOI interno es su principal referencia a la hora de relacionarse con otros hombres. Está condenada a repetir la misma historia hasta que no se trabaje en terapia.

El trauma de apego por herida de abandono emocional, en este caso, seguirá repitiéndose a modo de profecía autocumplida. Ya que, desde su carencia afectiva, esta adulta comienza relaciones con personas que desde el inicio se observa claramente que no tienen un profundo interés en ella; pero ella, para demostrarse que sí merece amor, continúa ahí, a ver si el otro cambia de opinión y por fin le quiere y le valora.

Pero eso no ocurre. Porque el otro no tiene interés real. Pero esto no tiene nada que ver con nosotros. Lo personalizamos. Porque hay trauma. Y proyectamos. Esta adulta proyecta a su padre en sus posibles parejas todo el tiempo. Hasta que sane la historia y el conflicto inconsciente infantil que se creó con él.

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Síguenos en instagram @isaacdiazpsicologo para conocer más sobre nuestro trabajo

Resultado de tu test

Condiciones especiales para terapia low cost

¿Por qué trabajar con Isaac?

Pide tu cita aquí